SERIE: MATERIAL DE LECTURA Y ANÁLISIS DE LA VIDA
COTIDIANA.
PARTE I. LA TRADICIÓN MARXISTA.
Organización y selección: Luzma Javiedes. Coordinación de Psicología
social. Facultad de Psicología. UNAM
VIDA COTIDIANA: AGNES
HELLER
La Sociología
de la vida Cotidiana la elabora Agnes Heller en el año de 1967 y se publicará en Hungría
en 1970. La primera edición en español apareció diez años después, en 1977.
Ediciones Península, Barcelona, se encargaría de hacerlo y de ahí provienen los
extractos que aquí se presentan (págs. 5 – 26). Por su valor teórico se
incluyen también partes del Prefacio, elaborado por G. Lukacs.
Del Prólogo
a la edición castellana
Reconoce Agnes Heller (AH) que para György Lukacs el pensamiento cotidiano es la fuente
primitiva del pensamiento, es decir, del comportamiento, estético y científico.
Ambos brotan del pensamiento cotidiano para diferenciarse y regresar luego, en
el proceso de la recepción, al lugar de donde salieron.
Hegel se convirtió en la figura decisiva porque en él por principio, la
vida cotidiana queda fuera de la filosofía. En consecuencia, el objeto de la
filosofía es la alienación y el posterior retorno del espíritu universal a la
historia universal. Pero en este retorno, el hombre particular y su vida no
cuentan absolutamente para nada. El hombre particular sólo cuenta en la medida
en que es portador del espíritu universal y, con ello, una personalidad
histórico universal. A lo sumo, la vida de los hombres adquiere significación
en la medida en que realizan contra su voluntad el espíritu universal: “El
derecho del espíritu universal está sobre todos los derechos particulares”.
Heller: se trataba por tanto, de elaborar una concepción teórica en la cual
la vida <del todo> y la racional, plena de sentido, de cada hombre
individual fuesen simultáneamente y, a su vez, pensables cuando menos.
Heidegger: en El ser y el tiempo
colocó, más que ningún otro, la vida cotidiana y su análisis en el centro de la
filosofía. Pero… describe la vida cotidiana como una vida enajenada por
principio: en efecto, el punto nodal es el estar arrojados a esta vida
alienada. Sólo habría una salida para el individuo y sólo en un sentido
negativo: a saber, la elección del ser para la muerte como ser auténtico.
Heller: esto significaba por tanto, que debía elaborarse una concepción
que, como teoría de la vida cotidiana, no negase su afinidad con la alienación
y, sin embargo, afirmase al mismo tiempo que junto a la estructura
intrascendible de la vida cotidiana y a pesar de ella, una vida cotidiana no
alienada es también al menos concebible.
La visión de Marx entraña la supresión de la alienación, la apropiación de
la riqueza social –de la totalidad de la cultura- por parte de cada individuo
particular. En el espíritu de tal utopía el socialismo constituye una cualidad
vital, su idea conductora es el sentido de la vida de los individuos, y la
transformación revolucionaria de la vida social es sólo su instrumento: la
concreción de este valor dominante constituye el hilo conductor de todo el
discurso la teorización que elabora HK acerca de la vida cotidiana.
Así, el libro puede disponerse alrededor de dos focos: la estructura de la
personalidad y la estructura de las objetivaciones.
La teoría de la personalidad polemiza con la tradición esencialista, según
la cual el hombre consta propiamente de dos hombres: uno sustancial y otro
fenoménico… es indiferente cómo se
conciba la <sustancialidad> bien como caótico mundo de los instintos,
como razón pura, o como núcleo humano no corrompido por la sociedad. La antropología de AH descansa sobre el
supuesto de que la esencia humana no es el punto de partida, ni el
<núcleo> al que se superponen las influencias sociales, sino que
constituye un resultado, sobre el supuesto de que el individuo se encuentra
desde su nacimiento en una relación activa con el mundo en que nació y de que
su personalidad se forma a través de esta relación. El individuo no puede ser
nunca idéntico a la especie humana pero puede mantener una relación consciente
con ella –en este caso la personalidad no es particular sino individual. Quise
mostrar que cada hombre puede ser una individualidad, que puede haber también
en la vida personalidades individuales, que también la vida cotidiana puede
configurarse individualmente.
El segundo foco teórico es el escenario de este protagonista: el mundo de
las objetivaciones.
El primer <nivel> lo constituyen el lenguaje, el sistema de hábitos y
el uso de objetos. Le llama la esfera de
la objetivación que es en sí. Sin la apropiación activa de este nivel no
hay vida cotidiana en absoluto, pues sin ella no existe tampoco socialidad.
Cuanto menos enajenada es la vida cotidiana, en mayor grado se relaciona el
hombre, dentro también de lo cotidiano, con otros niveles -superiores- de las objetivaciones. Se trata
de una superposición de las relaciones con los niveles de objetivación
cotidianos y no cotidianos.
Heller: el primer foco de la teoría va contra la concepción hegeliana y el
segundo contra la heideggeriana.
Del Prefacio,
escrito por Gyorgy Lukacs, 1971
LA VIDA COTIDIANA COMO MEDIACIÓN Y TOTALIDAD
ESPECÍFICA
El decisivo estado de condicionamiento en que
se encuentra la totalidad de las expresiones vitales, de los modos de vida,
etcétera, del hombre no puede ser descrito de u modo realista con una
combinación inmediata entre principios causales puramente objetivos y el mundo
de sus efectos concretos. Las ciencias sociales de nuestros días, en cambio
desprecian a menudo esta zona intermedia concreta, aquélla en la que se encuentra
el nexo real, considerándola como un mundo de mera empiria que, en cuanto tal,
no es digno de un análisis científico en profundidad destinado a examinar las
constituciones internas. Me: La vida
cotidiana como mediación persona-sociedad o realidad social.
Pero cuando se reflexiona resulta que por el
contrario, solamente a través de la mediación de una esfera tal pueden ser
comprendidas científicamente las interrelaciones e interacciones entre el mundo
económico social y la vida humana. Los hombres –en su particularidad- se
adaptan a las formas sociales que sus fuerzas productivas hacen nacer cada vez
concretamente. En la medida en que tales adaptaciones se realizan, como de
costumbre, inmediatamente en actos particulares, esto se verifica precisamente
en actos particulares de hombres particulares, en el interior de grupos
concretos de un proceso social conjunto concretamente determinado. La mayoría de los hombres que forman parte
inmediatamente de la sociedad… estos, en la mayoría de sus modos particulares
de reaccionar a las pretensiones de la propia socialidad, reaccionan en cuanto
hombres particulares de manera particular; el ser de cada sociedad surge de la
totalidad de tales acciones y reacciones.
Marx … ha definido su esencia [de la
sociedad] la historia de la sociedad muestra que este ir más allá de la
genericidad muda, biológica, se objetiva por último en las formas ideológicas
más elevadas: en la ciencia, filosofía, arte, etcétera. Esto significa que los
hombres que forman parte de ella crean productos con la ayuda de los cuales
están en condiciones de realizar su generacidad a un nivel cada vez más alto
(cada vez menos inmediatamente particular).
Este proceso de desarrollo del género humano
sería incomprensible si intentásemos establecer una relación inmediata entre la
base que actúa objetivamente y sus máximos resultados … no podría jamás hacer
realmente comprensibles en su auténtico y preciso ser-así la génesis concreta,
la esencia interna de los productos concretos que de este modo alcanzan el ser,
los tipos de comportamiento concretamente esenciales.
Precisamente su inmediatez objetiva, que
surge del modo de reaccionar y de actuar de los hombres particulares, da lugar
en la vida cotidiana a una zona de mediación, apta para superar este aparente
abismo de pensamiento.
Por consiguiente, la esencia y las funciones
histórico-sociales de la vida cotidiana no suscitarían interés si ésta fuese
considerada una esfera homogénea. Pero precisamente por esto, precisamente como
consecuencia de su inmediato fundamentarse en los modos espontáneo-particulares
de reaccionar por parte de los hombres a las tareas de vida que la existencia
social les plantea, la vida cotidiana posee una universalidad extensiva. La
sociedad sólo puede ser comprendida en su totalidad, en su dinámica evolutiva,
cuando se está en condiciones de entender la vida cotidiana en su
heterogeneidad universal.
La vida cotidiana constituye la mediación
objetivo-ontológica entre la simple reproducción espontánea de la existencia
física y las formas más altas de la genericidad ahora ya conciente,
precisamente porque en ella de forma ininterrumpida las constelaciones más
heterogéneas hacen que los dos polos humanos de las tendencias apropiadas de la
realidad social, la particularidad y la genericidad, actúen en su interrelación
inmediatamente dinámica. … No comprenderíamos nunca correctamente los procesos
reales si no estudiásemos el significado de las interrelaciones –basadas en la
particularidad inmediata- de tales tendencias, precisamente en la vida
cotidiana, en el teatro real de su resolución.
Así la vida cotidiana, la forma inmediata de
la genericidad del hombre, aparece como la base de todas las reacciones
espontáneas de los hombres a su ambiente social, la cual a menudo parece actuar
de una forma caótica. Pero precisamente por esto está contenida en ella la
totalidad de los modos de reacción, naturalmente no como manifestaciones puras,
sino más bien caótica-heterogéneas.
Para AH
las conexiones prácticas e histórico-ontológicas de la vida cotidiana
con las posiciones de valor auténticas de la genericidad (ética, filosofía,
arte, praxis social y política) constituyen un problema central … su exposición
siempre está orientada hacia las formas particulares de objetividad y de
actividad de la vida cotidiana como totalidad específica.
Se hace comprensible así la extrema y
paradójica heterogeneidad de la vida cotidiana: su base ontológica está
constituida por la espontaneidad inherente a la naturaleza particularista de
las actividades humanas que necesariamente acompañan a las reacciones primarias
de los hombres a su humanización y se expresan en ella.
Y precisamente esta escala –que llega de la
<pura> particularidad inmediata hasta las posiciones más generales y
elevadas, para dejar tras sus espaldas, en la expresión de la genericidad
humana, todo mutismo y realizarse precisamente como ser para-sí- define la esfera ontológica de la vida
cotidiana. Justamente en esta evidente
heterogeneidad de sus componentes, en su heterogeneidad inmediata, en su “ilimitación”,
etc., que parece contradecir directamente nuestras ideas usuales sobre la
“esfera de vida”, precisamente aquí se expresa la auténtica constitución
ontológica de la vida cotidiana. Sólo de este modo ésta puede convertirse en el
factor ontológico general, fundamentador, de mediación entre “esferas de vida”
diversas, delimitables.
Es decisivo a los fines de este resultado [la
vida cotidiana como factor de mediación, en su verdadera figura, universal] el
hecho de que la Heller mantiene firmemente con gran coherencia la prioridad del
ser. En el plano ontológico resulta que
el contraste, la heterogeneidad constituye realmente una de las determinaciones
importantes del ser mismo, pero, precisamente en y a causa de la heterogeneidad
de sus componentes, éste se halla en condiciones de producir efectos
inesperados reales y concretos.
Del Capítulo I, Sobre el concepto abstracto de “vida cotidiana”
Para reproducir la sociedad es necesario que
los hombres particulares se reproduzcan a sí mismos como hombres particulares.
La vida cotidiana es el conjunto de
actividades que caracterizan la reproducción de los hombres particulares, los
cuales, a su vez, crean la posibilidad de la reproducción social. En toda
sociedad hay una vida cotidiana y todo hombre, sea cual sea su lugar ocupado en
la división social del trabajo, tiene una vida cotidiana. Sin embargo, esto no
quiere decir de ningún modo que el contenido y la estructura de la vida
cotidiana sean idénticos en toda sociedad y para toda persona. La reproducción del particular
es reproducción del hombre concreto, es decir, el hombre que en una determinada
sociedad ocupa un lugar determinado en la división social del trabajo. Los
hombres tienen en común entre ellos actividades que –haciendo abstracción de su
contenido concreto- son comunes a las de los animales. Y se trata de las
actividades que sirven para conservar al hombre en cuanto ente natural … se
desprende de qué modo la conservación del particular, incluso la más elemental
–natural-, es en lo concreto un hecho social.
El hombre sólo puede reproducirse en la
medida en que desarrolla una función en la sociedad: la autoreproducción es,
por consiguiente, un momento de la reproducción de la sociedad. Por tanto, la
vida cotidiana de los hombres nos proporciona, al nivel de los individuos
particulares y en términos muy generales, una imagen de la reproducción de la
sociedad respectiva, de los estratos de esta sociedad. Nos proporciona, por una
parte, una imagen de la socialización de la naturaleza y, por otra, el grado y
el modo de su humanización.
Examinando los contenidos que la vida
cotidiana de cada particular tiene en común con la de otros hombres, llegamos
en último análisis a lo no humano. El resultado será diverso si, por el
contrario, examinamos la vida cotidiana no desde el punto de vista de los
rasgos comunes, sino desde el de la relativa continuidad. En este caso
constatamos que, en el proceso de socialización y de adecuación al género, en
la vida cotidiana se determinan nuevas categorías, las cuales posteriormente o
se conservan, o al menos se despliegan por algún tiempo, y por lo tanto se
desarrollan, o bien retroceden. Es decir, la vida cotidiana también tiene una
historia. Y esto es cierto no sólo en el sentido de que las revoluciones
sociales cambian radicalmente la vida cotidiana, por lo cual bajo este aspecto ésta es un espejo de la historia,
sino también en cuanto los cambios que se han determinado en el modo de
producción a menudo (y tal vez casi siempre) se expresan en ella antes de que
se cumpla la revolución social a nivel macroscópico, por lo cual bajo este otro aspecto aquélla es un fermento secreto de la
historia.
¿Qué significa que el particular se
reproduce? Todo hombre al nacer se encuentra en un mundo ya existente,
independientemente de él. Este mundo se le presenta ya “constituido” y aquí él debe conservarse y dar prueba de
capacidad vital. El particular nace en condiciones sociales concretas, en
sistemas concretos de expectativas, dentro de instituciones concretas. Ante
todo debe aprender a “usar” las cosas, apropiarse de los sistemas de usos y de
los sistemas de expectativas, esto es, debe conservarse exactamente en el modo
necesario y posible en una época detrminada en el ámbito de un estrato social
dado. Por consiguiente, la reproducción del hombre particular es siempre
reproducción de un hombre histórico, de una particular en un mundo concreto.
No todos aprenden a usar las cosas e
instituciones, a orientarse en los sistemas de usos en igual medida. Sin
embargo, cada uno debe adquirir una capacidad media, debe tener un mínimo de
capacidad práctica en las cosas más importantes, sin lo cual es imposible
vivir. Tal adquisición tiene lugar “naturalmente”.
La apropiación de las cosas, de los sistemas
de usos y de instituciones no se lleva a cabo de una vez por todas, ni concluye
cuando el particular llega a ser adulto; cuanto más desarrollada y compleja es
la sociedad tanto menos está concluida. Cuanto más dinámica es la sociedad,
cuanto más casual es la relación del particular con el ambiente en que se
encuentra al nacer, tanto más está
obligado el hombre a poner continuamente a prueba su capacidad vital, y esto para
toda la vida, tanto menos puede darse por acabada la apropiación del mundo
con la mayor edad. El particular, cuando cambia de ambiente, de puesto de
trabajo, de capa social, debe aprender nuevos sistemas de usos, Aún más: vive
al mismo tiempo entre exigencias diametralmente opuestas, por lo que debe
elaborar modelos de comportamientos paralelos y alternativos.
La sociedad más dinámica, si bien obliga al
hombre a una lucha continua contra la dureza del mundo, le ofrece, al mismo
tiempo, varias alternativas. [Para] quien vive en una comunidad restringida sus posibilidades de movimiento
son extremadamente limitadas. Pero desde que ha surgido la “sociedad pura”, el
“mundo acabado” en el que el hombre se encuentra al nacer no es idéntico al
mundo con el que se encuentra en contacto directo. Después de haberse apropiado
de los usos de este mundo más inmediato, tiene varias ocasiones para escoger
por sí mismo su ambiente directo (amigos, trabajo, familia…); puede escoger un
“pequeño mundo” suyo relativamente nuevo, aunque dentro de límites precisos más
o menos amplios.
Prescindiendo del momento y del modo en que
el hombre se apropia de las diversas capacidades (manipuladoras y
orientadoras), éstas son posteriormente ejercitadas siempre y con continuidad. Lo que obviamente no quiere decir “cada
día”. Entre las capacidades ejercidas con continuidad, algunas son cotidianas
en el estricto sentido del término (comer, vestirse, etc.), otras, por el
contrario, son características de una fase determinada (o de ciertas fases) de
la vida del particular (el cuidado de los hijos, por ejemplo).
En el ámbito de una determinada fase de la vida el conjunto (el sistema, la estructura) de las actividades cotidianas
está caracterizado, por el contrario, por la continuidad absoluta, es decir, tiene lugar precisamente “cada
día”. Este constituye el fundamento respectivo del modo de vida de los particulares, aunque sólo la tendencia
fundamental, general, es continua de un modo absoluto.
En la vida cotidiana el hombre se objetiva en numerosas formas. El
hombre, formando su mundo (su ambiente inmediato), se forma también a sí mismo.
El término “formar” parece aquí a primera vista exagerado; en efecto, hasta
ahora hemos subrayado siempre que la peculiaridad de las actividades
cotidianas –ya que el particular madura
para un mundo “acabado”- es la
interiorización casi adaptativa de
este mundo. En el término “madurar”, hay que ponerlo de relieve, incluimos
también el sentido de “educar”. Yo soy representante de aquel “mundo” en el
que otros nacen. En mi educar (en el modo en que yo presento el mundo
“acabado”) repercutirán también mis experiencias personales, cuando comunico mi mundo, expreso también estas experiencias, cuando “transmito” mi mundo,
contemporáneamente me objetivo también a mí mismo en cuanto me he apropiado ya
de este mundo. Es evidente que esto no es solamente válido para la educación,
sino siempre y en toda situación de
la transmisión de experiencias específicas, cuando se dan consejos e incluso se
dan ejemplos conscientemente. En mi relación
con la vida cotidiana dada, en mis afectos y reflexiones respecto a estas
relaciones, en la eventual “descomposición” de las actividades cotidianas, nos
enfrentamos, y esto subrayado, con procesos de objetivación.
Cuando decimos que el particular se objetiva
en la vida cotidiana, debemos, una vez más, hacer una precisión: el particular
forma su mundo como su ambiente inmediato.
La vida cotidiana se desarrolla y se
refiere siempre al ambiente inmediato. [El ámbito cotidiano de un rey no es
el reino sino la corte]. Todas las objetivaciones que no se refieren al
particular o a su ambiente inmediato,
trascienden lo cotidiano.
Todo esto no significa que el radio de acción
de las objetivaciones de la vida cotidiana se quede en el particular y su ambiente
inmediato, éste alcanza hasta las objetivaciones más elevadas. En tal caso
hallamos “solamente” una repercusión, una resonancia, no una relación directa
[hallamos el fenómeno causado por una piedra lanzada al agua,., no el
movimiento ondulatorio provocado por una borrasca].
Todas
las capacidades fundamentales, los afectos y los modos de comportamiento
fundamentales con los cuales trasciendo mi ambiente y que yo remito “al mundo
entero” alcanzable por mí y que yo objetivo en este mundo, en realidad yo me
los he apropiado en el curso de la vida cotidiana. Por lo tanto, no se
trata tan sólo de que la acción ejercida en mi ambiente continúa repercutiendo
de modo imperceptible e invisible, sino también de que yo mismo, sin las
capacidades de que me he apropiado en este ambiente, sin mis objetivaciones
ambientales, sería incapaz de objetivar en formas más elevadas mis capacidades
humanas. La vida cotidiana hace de
mediadora hacia lo no cotidiano y es la escuela preparatoria de ello.
En la vida cotidiana la actividad con la que
“formamos el mundo” y aquella con la que “nos formamos a nosotros mismos”
coinciden. La fisonomía específica del particular, la estructura fundamental de
su personalidad llegan a ser a través de la apropiación de la respectiva
socialidad concreta, a través de la participación activa de ésta. Hay que
repetir que aquí hablamos solamente de la estructura fundamental de la
personalidad; la cualidad concreta de la personalidad no se desarrolla tan sólo
en la vida cotidiana, hay casos en que ésta alcanza un completo florecimiento
precisamente en las objetivaciones genéricas superiores. La unidad de la personalidad se realiza en la vida cotidiana.
Aquéllos para los cuales la actividad genérica consciente representa en cada
momento el contenido esencial de la vida, realizan la unidad de la personalidad
también en la vida cotidiana. Para la
mayoría de los hombres la vida cotidiana es “la vida”.
Lecturas recomendadas:
Heller, A. (1985). Historia y Vida Cotidiana. México: Grijalbo. En particular el capítulo
“La estructura de la vida cotidiana”. Págs. 39 – 95.
Heller, A. (1982). La Revolución de la Vida Cotidiana. Barcelona: Ediciones Península.
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